'

Curso de sueldos para Propiedad Horizontal

Sistema 9041 para la administración de consorcios...


El castillo donde vivía nuestro principe de ojos de halcon...Cuentito para niños

Había una vez en un principado lejano....

Tanto administradores como propietarios, luego de alguna agotadora asamblea, vuelven al seno de su familia y allí probablemente los espere un hijo o una hija en su camita esperando que vuelva papá para contarles un cuento. En Pequeñas Noticias, que sabemos que no es fácil inventar uno y los chicos se aburren de escuchar los ya conocidos, quisimos ayudarlos acercándoles uno para que su prole pueda dormir feliz y contenta. 

Había una vez, hace mucho... mucho tiempo, un castillo que dominaba un verde y fértil valle. En este castillo vivía un hermoso príncipe que rodeado de su corte compuesta de nobles, caballeros y bellas damas, reinaba sobre todos con graciosa justicia. Su carácter firme y su mirada inteligente le daban una expresión de halcón que atemorizaba a sus enemigos e impresionaba a las cortesanas. 

Una ramita de olivo cargada de ricas aceitunasEn el valle fértil innumerables labriegos trabajaban las tierras que sembradas de olivos rendían los frutos de una naturaleza generosa, laboriosamente trabajada. Si bien los impuestos eran importantes, el pueblo vivía en una relativa paz aunque había, en ciertas partes del bosque, algunos rebeldes que hostigaban a las caravanas con mercaderías de los nobles y a algunos comerciantes ricos, a decir verdad. Fuera de algunas molestias, no impresionaban mucho a nadie.

En el castillo los nobles señores se aburrían. Mataban el tiempo flirteando con las damas que, haciéndose las ariscas, correteaban por el palacio llenándolo de sus cantarinas risas. Sus espadas se oxidaban, sus músculos se aflojaban, sus vientres se hinchaban con los excesos de comida y buen vino, pero como el principado no tenía grandes problemas se dedicaban alegremente a disfrutar de su buena suerte sin mayores sentimientos de culpa. 

Mambrú se fue a la guerra y no se cuando vendrá...El único que era diferente era Mambrú. El, por su fuerte carácter, había sido comisionado para luchar con los rebeldes que saqueaban y aterrorizaban a los desprevenidos que cruzaban sus territorios. Su espíritu siempre se mantenía alto, aun en la adversidad, y durante la batalla su brazo fuerte enarbolaba una enorme espada que brillando ponía en fuga a sus enemigos que corrían a esconderse al monte de olivos que había en el valle para escapar al justo castigo de que eran merecedores. Las malas lenguas en el castillo decían que en realidad Mambrú se divertía en la lid y que de no haber existido una guerra la hubiera inventado con tal de poder participar de ella para probar su valor y su fuerza.

Pero todo esto son cosas menores. Este pequeño principado vivía en paz y en calma, aunque fuera de él, en el reino, las luchas entre los distintos feudos llegaron, por su violencia y saña, a poner en peligro la existencia misma de toda la región. 

Una dama que se enoja como una brujaA nuestro príncipe lo ayudaba una hermana en las tareas administrativas y políticas propias de la corte y pasaba su tiempo haciendo sociales y jugueteando con las damas que se disputaban con picardía sus favores. Así fue que una de ellas, que admiraba en secreto a nuestro héroe, decidió ganar su aprecio intentando ayudarlo en algunas de las múltiples obligaciones inherentes a su cargo. Esto con el tiempo comenzó a hacer enojar a su seca y seria hermana que empezó a sentirse desplazada. Los caballeros del reino veían con ojos divertidos esta competencia entre las dos señoritas que se peleaban como dos brujas y hacían comentarios procaces (tal vez un poco machistas) sobre las características de los celos, no solo de éstas, sino de todas las mujeres.

Un día a nuestra heroína se le ocurrió, para acercarse un poco mas al príncipe y hacerlo más popular a su pueblo, proponer en la corte, entre otras cosas, cambiar la forma de trabajo de los señores, prometiéndole a los labriegos que de esta forma se les aliviaría su carga. Esto a la hermana le cayó muy mal y se rió en su cara delante de toda la corte llenándola de vergüenza e ira. Esta historia tendría que terminar aquí, pero nuestra cortesana no era una mujer común. Ella tenía proyectos, sueños y algunas ambiciones personales. Para poder concretarlas necesitaba ascender en la corte y para eso tenía que estar más cerca del príncipe. 

Pero el problema era la dura hermana. Nuestra querida niña no disponía de los fondos de algunos de los caballeros más ricos del reino, ni la fuerza de Mambrú, ni siquiera de la preparación de la hermana del príncipe. Sólo podía contar con su extraña belleza y sus habilidades de mujer. 

Seducir al príncipe no fue tan difícil. Al fin y al cabo era un hombre y todo el mundo sabe que un hombre pierde la mayor parte de sus habilidades intelectuales ante los misteriosos ojos de una dama. Luego, en la intimidad, ante la insistencia del enamorado en cómo podía hacerla feliz, a ella sólo le restó decirle que quería llevar a cabo su pequeño proyecto para ayudarlo a ser más grande y fuerte. Mucho más que como nunca lo había soñado. Y así fue.

Nuestra heroína se puso al frente de los labriegos y comenzó su propia guerra contra los señores. Estos que no estaban acostumbrados a luchar contra nada más difícil que una presa de pollo durante un banquete, recurrieron a Mambrú para que los auxiliara quien, descansando, trataba de comer unas aceitunas. Este inmediatamente puso manos a la obra y trabajosamente los reunió en una especie de ejército y, con la inesperada ayuda de una parte de los labriegos que dejaron sus olivos para empuñar una lanza, salió a la batalla. 

La cabra que volvía loco a MambrúComo era de esperar, con tan poco preparados socios a Mambrú muy bien no le fue. A pesar de que luchó como un león y consiguió ganar algunas batallas, la guerra la perdió. Y luego de muchos años, ya viejo, recordaba con humor que mientras combatía hasta una cabra salvaje, saltando de piedra en piedra por los montes, se le acercaba para morderle los talones a su caballo.

La hermana del príncipe estaba furiosa. En la corte nadie la miraba. A las glamorosas fiestas ya no la invitaban. En la soledad de su cuarto reflexionó que su adversaria había resultado ser mucho más peligrosa que todos aquellos guerreros que habían regado con su sangre el campo de batalla. Ahora todos en el castillo, obsecuentes, querían estar cerca de la bella y misteriosa dama que había ganando el corazón de nuestro héroe demostrándole a su señor que ella era mucho más valiosa e importante para servirle y llevar las cosas del principado.

Un caballero en busca de nuevas lides...Si alguien , en secreto, le hubiera contado a Mambrú que la guerra donde se jugó la vida no tenía nada que ver ni con los labriegos, ni los señores, ni los olivos, ni con el oro de los impuestos ni con nada, tal vez, por ser hombre de mundo, se hubiera sonreído.

Esta guerra fue la guerra entre dos mujeres que lucharon por tener un poco de más poder usando el corazón de un hombre.Envíe desde aqui su comentario sobre esta nota

La Herramienta exacta y la más conveniente para difundir sus productos y servicios

La noticias minuto a minuto: Pequeñas Noticias en Twitter

Compartir:



    

 Pequeñas Noticias en las redes sociales con toda la actualidad: Twitter - Grupo de Facebook - Noticias en Facebook - Google +


[ El contenido de este sitio -escrito, fotogáfico y artístico- está protegido por las leyes vigentes de propiedad intelectual - Queda prohibida su reproducción total o parcial -por el medio que sea- sin autorización escrita de Pequeñas Noticias ]

' ' '